De “atrapa pelotas” a profesor de tenis
- Medio 43

- 16 abr 2020
- 7 Min. de lectura
Por Sofía Mendoza
Octavio Anaya Hernández llegó al tenis por casualidad. A los 12 años, su tío, Saúl Sandoval Meléndez, integrante del área de seguridad del Club Deportivo Bancario de Guadalajara, lo invitó a trabajar como “bolerito” para recoger pelotas durante los partidos de tenis para que los jugadores puedan sentirse más cómodos durante la competencia.
A diferencia de una persona que practica el deporte blanco porque tiene la solvencia económica para ser socio de un club, un bolero, puede ser alguien con menos privilegios, pero a nivel profesional, y en competencias internacionales, como en el Roland Garros, los atajadores, además de estar en contacto con grandes figuras que los inspiran, se enseñan a trabajar en equipo, a enfrentar el estrés y aprenden de la humildad. Su función debe ser tan discreta durante un partido que son prácticamente invisibles.

Al inicio, Octavio sólo lo veía como un trabajo que le permitía ganar dinero los fines de semana, pero en poco tiempo, notó que muchos de los boleros o recogepelotas jugaban tenis en sus tiempos libres, es decir, cuando los integrantes del club terminaban sus entrenamientos.
— Decidí agarrar la raqueta y practicar con mis compañeros, pero al mismo tiempo, jugaba futbol— recuerda con nostalgia.
Pero un año después, dejó el futbol para enfocarse en el tenis, un deporte que alternaba con la preparatoria. Todas las tardes iba al Club a entrenar. Ser “bolerito” también le dio muchos amigos, entre ellos, profesores que lo invitaban a participar en sus clases como alumno. Eso no sólo lo convirtió en uno de los jugadores más destacados del Club, sino también muchos clientes lo contrataban en partidos extras o para dar clases particulares.
La suma de todas esas tardes de raquetas, partidos y trabajo lo llevó a un nuevo rumbo que lo marcaría para toda su vida, si bien en sus planes simplemente estaban el terminar la preparatoria, estudiar una carrera universitaria, buscar algún trabajo estable y de alguna manera poner algún tipo de negocio del cual no estaba seguro de que sería, el tenis lo llevó a conocer un estilo de vida y profesión muy diferente y único del cuál a diario se siente feliz y satisfecho de haberlo encontrado. Una montaña rusa de retos, sudor, risas, idiomas, viajes, amigos, crecimiento y más ha encontrado en este deporte.
En aquellas canchas tapatías surge el sueño de un niño divertido. inquieto y alegre proveniente de la colonia Santa María Tequepexpan en Tlaquepaque, Jalisco. Octavio Anaya Hernández, un joven alto, de piel morena y bronceada por el sol, sudor en su rostro,voz gruesa, ojos cafés oscuro y una gran cabellera risada quién ahora tiene 22 años recuerda su infancia como una etapa muy bonita y privilegiada, juegos en las calles como “trais”, “escondidas”, “shanghai”, yoyos, “fútbol de bote pateado”, bicicletas y trompos hicieron de su niñez algo inolvidable la cual recuerda con mucho cariño.
Hijo de la señora María de Jesús y el señor Gildardo, es el menor de 5 hermanos, fue criado de la mano del deporte desde sus 10 años dónde comenzaba a jugar fútbol siendo gracias a su madre quién lo impulsó a comenzar un estilo de vida deportivo, siempre recibiendo el apoyo y los aplausos de su padre quién es chivista de hueso colorado.
Octavio quería destacar y lo logró. Las horas arduas de entrenamiento, desde 2 a 3 horas mínimas al día en la cancha sin dejar de un lado la preparación física diaria de más de una hora que implica actividades de resistencia, trote y flexibilidad, sin olvidar la importancia de un excelente descanso, recuperación, preparación mental, una dieta adecuada y estricta según a las necesidades de un tenista y todos aquellos sacrificios que se tienen que hacer como la separación de amigos, familias, fiestas y viajes por darle la prioridad al entrenamiento y preparación que exige el tenis.
Conocer a Roger Federer
Todas esas horas acumuladas en la cancha como “bolerito”, maestro y jugador hicieron a Octavio un amante de este deporte en todos sus sentidos, desde la sensación de felicidad a la hora “pelotear” por las tardes con sus amigos o tener un enfrentamiento de competencia o amistoso era algo apasionante para él, se convirtió en gran admirador del jugador mundialmente reconocido Roger Federer.
Octavio se enamoró del estilo de este gran tenista. Quería verlo jugar, así que en 2019 compró un boleto para el US Open en la ciudad de Nueva York— Estaba muy feliz, temblando de emoción, totalmente satisfecho— platica tan entusiasmado como aquel día.
Incluso la emoción de aquel momento logró que pareciera que el aficionado desconocido a un lado de su asiento y él parecieran amigos de toda la vida, si bien fueron amigos únicamente durante el partido Octavio recuerda aquel día con mucha ilusión.
Ver a Roger Federer fue más que cumplir un sueño. Se sintió realizado. Pensó que todos sus años como “bolerito”, las horas de práctica y tantos pares de tenis desgastados valieron la pena. Estar sentado en ese partido le hizo darse cuenta que todo es posible, si uno así lo desea “sí logré llegar a vivir esto puedo hacer mucho más pero siempre hay trabajo por detrás y hay que ponerlo en marcha” pensaba.
La pasíon, el esfuerzo y la disciplina que Octavio demostró en su estilo de juego, inspirado en su ídolo, lo llevaron a participar en un inicio en torneos locales de Club Deportivos de la ciudad de Guadalajara, así como de la Asociación de Tenis de Jalisco. También logró inscribirse a la Federación Mexicana de Tenis y jugó diferentes competencias a nivel internacional, así como en Estados Unidos y Canadá, donde compitió con tenistas de Bélgica, Alemania y Francia.
Pero conforme más competía, Octavio descubrió el nivel de exigencia del deporte blanco. Las horas, la energía y el entusiasmo que demostraba no parecían suficientes. Y fue ahí donde llegó la realidad.
El sueño que no fue
Aunque el sueño de Octavio era convertirse en tenista profesional y ser uno de los mejores del mundo, pero ante las necesidades económicas, las exigencias físicas y mentales, lo obligaron a cambiar de planes — muchos niños que comienzan a practicar tenis quieren ser profesionales, pero la competencia es muy dura y se necesita mucha solvencia para lograrlo— dice con resignación.
La falta de dinero es uno de los principales indicadores por los cuáles los jóvenes tenistas renuncian a su sueño, de acuerdo con un cálculo realizado por esta reportera en distintas tiendas deportivas, estos son los gastos que implica comenzar a jugar el deporte blanco a nivel profesional.

Los gastos que se presentan anteriormente varían según el club deportivo y calidad en las herramientas que cada tenista escoja. Considerando que es un tenista que pasó del juego “recreativo” a comenzar a prepararse para lo profesional. Y a decir verdad ¿Para qué jugador es suficiente un par de tenis o un solo uniforme?
De acuerdo con la Federación Internacional de Tenis, el coste anual medio para practicar este deporte es de $921,888 para los hombres y $954,677 para las mujeres (en ambos casos sin incluir un entrenador) .
Arroyo, A. (2016). El tenis, un deporte muy caro. Recuperado 16 de abril de 2020, de Punto de Break website: http://www.puntodebreak.com/2016/10/18/tenis-deporte-caro

A pesar de lo costoso o duro que pueda ser este deporte, Octavio considera que una buena actitud es algo elemental un buen jugador de tenis —la competencia es muy intensa, los viajes son largos, es costoso y tienes que dar lo mejor, siempre tienes que estar positivo, eso es muy importante, ser constante aunque pierdas y pierdas ganes o ganes, es un deporte en el que no te puedes confiar y como entrenador, estás a la deriva de cualquier cambio que pueda surgir—.
Para Octavio el éxito en el tenis representa los resultados de todos esos pequeños avances que se hacen día con día. La fama y el reconocimiento no era algo importante y un motivo para querer destacar en el deporte, más allá de lo glamuroso que pueda sonar ser de los mejores tenistas del mundo, para él se trata de un deporte apasionante por lo competitivo, la precisión, inteligencia y adrenalina que lo hacen único.
Ser entrenador de tenis

Desde hace año y medio, Octavio, de 23 años, es entrenador de tenis en el Hotel Club Med, un Resort familiar de Vanguardia, ubicado frente al Mar Caribe, en Cancún. Niños, adultos y personas de la tercera edad son sus alumnos, Octavio ofrece sus clases ya sea en español, inglés o francés.
Aunque Octavio no cumplió el sueño de ser el mejor tenista del mundo, reconoce que le debe mucho a este deporte que le ha dado trabajo, viajes y ha conocido a muchas personas. Tuvo la oportunidad de tomar un curso con Ricardo Coronado, entrenador del jugador profesional, Ernesto Escobedo jugador de tenis estadounidense de ascendencia mexicana Top 100 en el ranking mundial de la Asociación de Tenistas Profesionales, de quién aprendió: a un alumno siempre se le debe motivar. Jamás se le debe decir “no se puede”.
Una frase que Octavio se repite durante las 36 horas semanales de entrenamiento, cuando el clima es extremo o cuando no es temporada turística, y por lo tanto, no tienen tanto trabajo — si eres un entrenador dependes de dar clases y así organizas tu tiempo, pero nunca sabes qué pueda pasar — reflexiona en épocas de cuarentena y distanciamiento social, debido al COVID-19.
A diferencia del futbol, donde una portería y un balón son suficientes, en el tenis la infraestructura es más compleja: se necesita más una raqueta profesional con ciertas especificaciones de peso y más según el tenista, canchas adecuadas, calzado y uniformes especiales, una canasta con al menos 80 pelotas, herramientas especiales como entrenador de goma para saques, almohadillas para los codos, bandas de entrenamiento son algunas de las herramientas indispensables.
Octavio considera que al día de hoy gracias a su experiencia puede pensar muy bien en la cancha, tener un mejor juego , y a pesar de que considera que nunca es tarde y ahora podría comenzar una etapa de preparación para continuar compitiendo a nivel internacional, para él se trata de un juego de seguir aprendiendo más de otras personas, en el camino te encuentras con muchas y muchos jugadores de diferentes países y gracias a eso ha podido descubrir cómo es el mundo en el tenis donde la competencia es realmente dura, no deja de ser un deporte muy caro, y con grandes exigencia.
Considera que uno de los problemas del tenis, sobre todo el Guadalajara, es la falta de torneos. En muchas ocasiones, los niños simplemente toman clases en clubs, pero si tienen talento o deseos de mejorar, los padres son los que frenan esa posibilidad por la inversión de tiempo y dinero, así que el deporte se convierte en algo ocasional en su vida.
Además de la cuestión económica y de preparación que implica convertirse en un jugador de tenis profesional, se necesita convicción y disciplina — hay personas que en sus países hay guerra o no tienen un buen ingreso económico, pero son muy buenos jugadores, tal vez en mi caso me hizo falta un poco más de anhelo— reflexiona.
Octavio se esfuerza por seguir preparándose como entrenador. No descarta que algún día uno de sus alumnos logre su sueño que él no cumplió: ser el mejor tenista de México.
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