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La doctora de un robot

Actualizado: 21 abr 2020

Por Linda Valencia

Linda Osuna empezó a interesarse por la inteligencia artificial cuando era adolescente. Soñaba con construir un robot con movimientos humanos. Unos tres años más tarde, creó junto con sus compañeros del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav) a Mex-One, un autómata de un metro de estatura y 15 kilos de peso.

Mex-One ha sido reconstruido, reprogramado y rediseñado por más de nueve años para hacer que sus movimientos sean lo más parecido a los de una persona. En este tiempo, Linda, junto con sus colegas, Emmanuel Campos y Oscar Carbajal del (Cinvestav) han logrado que este robot pueda mantenerse en pie, camine en línea recta y sea capaz de patear un balón y seguir con la vista objetos de color homogéneo y calcular su posición en 3D.

Para lograr el objetivo, además de leer e investigar mucho sobre diseño y programación en robótica, el equipo de científicos consiguió financiamiento a través de becas y partidas presupuestales del Programa Nacional de Postgrados de Calidad otorgado por el Concejo Nacional de Ciencia y Tecnología (PNPC-CONACYT) para cubrir los más de dos millones de pesos que se necesitaban.

Linda recuerda que durante las 16 horas de jornada laboral se la pasaba armando piezas, programando y conectando todos los cables a los motores a la computadora para poder controlar los movimientos de Mex-One — lo más difícil era sostenerlo parado porque no tenía equilibrio en las piernas — explica la doctorada en ciencias de la ingeniería eléctrica.

Además del equilibrio, otro obstáculo que enfrentó fue el peso del robot, ya que el material era muy pesado, así que lo sustituyó por una más ligero, pero eso implicó reprogramar todos los movimientos.

Mientras Linda se la pasaba todo el tiempo pensando ¿cómo hacer caminar a Mex-One? en su entorno familiar, se volvió una referencia para sus sobrinas, quienes la bautizaron como “la doctora de los robots” — nunca llegué a imaginar el impacto que tendría en otras personas, cuando les platico lo que hago, ellas hablan de mí en sus escuelas. Quieren ser como yo y eso me hace sentir orgullosa — presume la joven de 28 años.

El acercamiento a la ciencia

Linda aprendió a sumar, restar y leer a los cuatro años sin necesidad de ir al kínder. Sus papás le enseñaron con mucha creatividad. En casa los juegos familiares eran acertijos, rompecabezas y adivinanzas que mantenían su curiosidad continua, sin embargo, su vida cambió tres años después, cuando conoció el Centro de Ciencias de Sinaloa.

Conocer ese museo de ciencia y tecnología fue una de las mejores experiencias que tuvo durante las vacaciones familiares. Ahí aprendió cómo funciona una bobina Tesla y para que sirve, descubrió la campana de Gauss y su distribución aleatoria.

Quería aprender el funcionamiento de las cosas. Y encontró una alternativa a través de la mecatrónica, una ingeniería que combina las ciencias electrónicas, mecánicas y computacionales, las cuales, se pueden aplicar desde la creación de un carro hasta en las líneas de producción automatizada, como llenar envases de leche.

La mecatrónica es demandante. Linda recuerda que nunca dejaba de estudiar. Dormía un par de horas para levantarse a las cinco de la mañana y trasladarse a la escuela, a unas dos horas de distancia de su hogar. A veces no tenía tiempo ni de comer — es una profesión demandante en cuanto a tiempo y dedicación y eso a veces impide mantener un balance entre lo laboral, pero eso ocurre en cualquier carrera — dice con resignación.

Pero Linda sabe nadar contra corriente. Mientras todos le decían: "¿Por qué no eliges algo más femenino?", "¿Escoge algo que te genere dinero y puedas trabajar?" más se convencía de no querer ser una contadora más ni en la familia ni en su círculo de amigas, la carrera que tiene futuro por la industria hotelera en Mazatlán, Sinaloa.

No fue el único reto. Al entrar a la universidad se dio cuenta que en su grupo sólo habían cinco mujeres -con ella- de las cuales, tres lograron concluir la carrera. De acuerdo con un estudio titulado “Se necesitan científicas” de la ONU sólo 8 de cada 100 mujeres estudian una carrera en tecnología o ingeniería.

Linda dice que ser mujer nunca ha sido un impedimento para hacer lo que le apasiona. Encontró apoyo entre sus compañeros y profesores. Hasta ahora, trabaja con varones, y en general, la relación que tiene con otros ingenieros es buena, existe bastante comunicación y sabe que su aportación en los proyectos se basa en conocimiento y no en genero, por lo que no siente ningún rechazo por parte de sus colegas.

Sin embargo, cuando aún era estudiante, inició sus prácticas en la industria del atún, en la empresa Pesca Azteca, que es una de las flotas pesqueras más grandes de Latinoamérica, pero aquí fue donde encontró la primera barrera profesional.

La ahora doctora en Ciencias, al llegar a recibir su puesto como practicante, deseaba al igual que todos sus compañeros estar en los talleres relacionados con su carrera, pero cuando llega con la persona relacionada con las prácticas de los estudiantes, que era una mujer de unos 50 años, no le asigna un taller. En cambio, le dice que se quedará con ella a archivar, a lo que Linda responde “pero yo estoy estudiando ingeniería, no estoy estudiando administración”.

La respuesta de la encargada fue: “Sí pero no puedes ir a los talleres porque eres mujer y las mujeres son una distracción, nada más ibas a ir a estorbar”.

Esto fue una gran decepción para Linda en el mundo de la industria, ya que nunca imagino que por ser mujer tendría algún problema por relacionarse en su trabajo, si una mujer fue la que la detuvo para continuar con sus prácticas que podía esperar de los demás, fue lo que pensó.

-Nunca te imaginas es que una señora mayor impedirá que aprendas más, sólo por sus actitudes machistas-, reflexiona.

Trabajar en Intel

Linda forma parte de Intel, empresa reconocida internacionalmente por sus procesadores, fue fundada hace 52 años en California y llego a México hace 17 años. Esta empresa se dedica principalmente a la industria de los circuitos integrados, es decir, chips que logran resolver millones de operaciones aritméticas en segundos.

Los fundadores inventaron el primer microprocesador, que es un circuito integrado y un elemento principal para que funcionen todas computadoras. Esto denota que el tipo de empresa donde Linda trabaja es una de las más importantes en el mundo de la tecnología.

A pesar de que la doctora Osuna no puede ahondar en detalles por cuestiones de confidencialidad, cuenta de forma general que su trabajo es desarrollar e implementar las teorías de otros grupos de investigación. En otras palabras, ella pasa del lápiz y papel, a la realidad.

Por nombrar uno de los cientos de proyectos en los que ha participado, un equipo necesitó crear un dron autónomo. Este es un vehículo sin tripulación, reutilizable, capaz de mantener de manera autónoma un nivel de vuelo controlado y sostenido, así que Linda tomó las riendas del diseño.

Cuando Linda entró a Intel se dio cuenta la solidaridad que existe entre mujeres, ya que hay programas y eventos que la empresa organiza durante el año, estos consisten en unir a la gente y formar un buen equipo de trabajo, así como ayudar en causas sociales.

En alguna ocasión, durante un evento organizado por la empresa, a cada participante se le pidió desmontar equipos pesados, y como todas eran en su mayoría mujeres, se organizaron para apoyarse una a la otra con cada pieza - para mí es un conflicto que me definan como mujer, nunca he querido que sea la etiqueta con la que me vean así. Siempre he querido que me evalúen y juzguen por mis conocimientos y habilidades- dice.

Así como en Intel, la estancia de Linda en el Cinvestav siempre fue agradable, nunca se sintió especial ni menos por ser la única mujer del grupo, la trataron como una más del grupo, aunque sí es una mujer muy competitiva y se destaca por ser una de las mejores en la generación. Sus único obstáculo fue ser exigente con ella misma para lograr sus propias metas.

Al terminar su posgrado se motivó con la idea de ser profesor de la universidad e iniciar una carrera dando clases, pero antes de tomar ese paso tendría que seguir estudiando, por lo que decide permanecer en el Cinvestav y comenzar su Doctorado en Ciencias de la Ingeniería Eléctrica.

Para Linda, la industria ya había muerto, creía que por ser mujer no iba poder hacer lo que quería y siempre iba haber un impedimento para no realizar su objetivo. Para ella el trabajo en la industria está finalizado y su carrera sería en lo académico.

Sin embargo, durante su doctorado sentía que le hacía falta algo, y en sus últimos meses decidió entrar a Intel, donde hay programas de espacios profesionales para estudiantes, así que podía trabajar y estudiar al mismo tiempo.

En Intel existe un código de conducta en el que se garantiza la inclusión a todas las personas, sean mujeres, hombres, comunidad LGBT o personas con discapacidad.

En una de sus experiencias relata que en esta gran empresa de la innovación, se siente valorada por sus conocimientos y capacidades, así que Linda junto con otras compañeras participan en programas internos para motivar a niñas y jóvenes a que se interesen en el mundo de la tecnología.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la presencia de mujeres y niñas en el ámbito de la ciencia es bajo, ya que sólo el tres por ciento elige alguna carrera vinculada a la tecnología, ingeniería o matemáticas.

Linda aun no descarta la idea de ser académica, pero por el momento se encuentra haciendo más proyectos en Intel. Como todas las personas que se dedican a la investigación Linda no descarta seguir estudiando, es por eso que dentro de sus planes futuros se encuentra estudiar un post- doctorado.

Además su plan es seguir ascendiendo en Intel de tal manera que pueda dirigir no sólo su propia investigación, sino también las de otros grupos.

 
 
 

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