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Una mamá (como tantas) sin cuarentena

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, tiene razón: en las familias mexicanas, las cuidadoras primarias son mujeres. Reconocerlo en medio de una crisis, como lo es ahora, en esta cuarentena obligatoria a causa del coronavirus, me ha hecho darme cuenta que todos, de alguna manera, hemos naturalizado esa injusticia.

Un patrón que, incluso, se repite entre mi familia, cuando mi madre, Leticia Adriana Díaz Nájera, quien a pesar de ser ingeniera química, tener una maestría en la Universidad de Touluse, Francia, trabajar como profesora del Colegio Salesiano y editora científica de la Gacetita infantil de la Universidad de Guadalajara (UdeG) tiene que prepararnos el desayuno a mi hermano y a mí todos los días, antes de las diez de la mañana.

Mi mamá, al igual que otras mujeres de su generación, que enfrentan la cotidianidad con un pie entre su profesión y otro resolviendo trabajos de la casa no remunerados, piensa que esta cuarentena es una oportunidad de convivir con la familia y pasar tiempo en casa, pero para mí no es así.

A las dos de la tarde, inicia su segunda jornada de trabajo –el que sí le pagan-. Se sienta con lentes frente a su computadora, acompañada siempre de una botella de agua mineral. Aparece una montaña de exámenes, los mismos que aplicó a sus alumnos antes de la contingencia. Da clic de un segundo a otro a cada una de las 15 pagina que tiene abiertas en el ordenador.

Además de la carga de trabajo, tiene la capacidad de concentración para ver su programa favorito: “Mentes criminales”.

— ¿Cómo le haces?, le preguntó.

— ¡Es mi ritual para concentrarme! confiesa con una mirada traviesa.

Y le creo. Porque es capaz de escribir cualquier artículo sin faltas de ortografía y con una sintaxis envidiable. Todo esto, al mismo tiempo cuando ve la serie.

— ¿No te sientes encerrada o frustrada por la contingencia?, le insisto.

— La mitad de mi trabajo lo hago en casa, y todo el tiempo estoy en la calle, no tengo tiempo para disfrutar de mi familia, por eso estoy tranquila, eso sí, siguiendo todas las medidas de higiene que emiten las universidades ¡No el gobierno! responde sin dejar de escuchar la serie y escribir.

Después de cuatro horas, seguía pensando cómo a mi madre no le frustra estar encerrada en la casa. A las ocho de la noche, no resistí y volví a cuestionarla.

—Mira, tiempo nunca tengo, ni ahora, ni después, pero prefiero pasar este momento con ustedes — aunque sus palabras me tranquilizaron, pensé que en este momento mi mamá no se frustra ni se enoja porque simplemente no tiene tiempo libre ni en cuarentena.

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